Cosas que nos importan


Cosas que nos importan
Relato breve y poesía
VV. AA.
Antólogías y antólogos: 
YO LEO: Ignacio J. Dufour García
UN VIAJE POR EL TIEMPO: Rubén Almarza González
17 PRIMAVERAS: Kandu Banna (Andrés J. Moreno)
LOS BARES TIENEN CORAZÓN: Jorge David Alonso Curiel
LITERATURA FANTÁSTIUCA Y DE TERROR: Teresa Oteo
ARTE Y POESÍA: Noemí Trujillo
Playa de Ákaba
Madrid, España
2017

PRÓLOGOS

YO LEO
Relato breve y poesía
ANTÓLOGO
Ignacio J. Dufour García

PRÓLOGO

Ha sido para mí un honor que Noemí me haya confiado la edición de los textos relativos a nuestro amor por la lectura, de esta antología Cosas que nos importan; yo que he sido un lector voraz, un amante de la literatura y de los libros desde que mi memoria alcanza.  Recuerdo cómo con diez años ya tenía una pequeña biblioteca donde mezclaba autores infantiles con Jules Verne, Sir Arthur Conan Doyle y otros grandes autores.

Con cada texto que he ido recibiendo para la antología, he confirmado lo maravilloso de la labor encomendada. He tenido el privilegio de ser el primero en leer estas declaraciones de amor fraternal en las que se han convertido muchos de los relatos, de ver como los autores han desnudado su alma para contar y mostrar esas marcas que les dejó un libro, de revivir junto a ellos la experiencia de la lectura de ese libro. Y como se iba conformando con todos los textos una enorme declaración de amor a la literatura y a aquellos que nos adentraron en este maravilloso mundo de las letras.

Estos relatos que tengo el honor de prologar se han convertido para mí en una maravillosa biblioteca con autores españoles, brasileños, rusos, franceses, ingleses y estadounidenses; música, cine y todo aquello que tenga la capacidad de transportarnos a islas misteriosas, de hacernos volar como pájaros, de llevarnos a remotos lugares, de vivir aventuras extraordinarias, de conocer otras gentes, de volver a ser niños… en definitiva, de ser mejores personas. Hablamos de historias reales, fantásticas, de aventuras, de revolución, de aprendizaje, de libertad… y lo hacemos desde nosotros mismos, desnudando nuestra alma, mostrando ese libro que nos marcó y que después de tantos años sigue identificándonos o no, aunque ahora sepamos que nuestra mirada inocente no captó algunos matices del mismo o disfrutamos con historias que no son aptas para niños. Sabiendo que sin ese libro no estaríamos aquí, quizás ni siquiera seríamos escritores, o no habríamos disfrutado de sentirnos diferentes al resto por este maravilloso placer que es la lectura.

Os invito a empezar este viaje por mundos desconocidos o no tanto, en él que conoceremos a maravillosos compañeros de aventuras y desventuras, y nos conoceremos a nosotros mismos, por un relato que se sale de lo común; en él que nos metemos dentro de ese maravilloso libro que cautivó a Santiago Báez Manchón y que puede ser la mejor metáfora que represente a esos libros que nos marcaron, que a veces ya no son como los recordamos.

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UN VIAJE POR EL TIEMPO
Relato breve y poesía
ANTÓLOGO
Rubén Almarza González

PRÓLOGO
EL FIN DE LA HISTORIA

«La Historia se ha acabado»
Francis Fukuyama

Jamás una frase pudo ser más errónea.

En 1991, tras la caída del Muro de Berlín y con la desintegración de la URSS, el ocaso de Yugoslavia y el fin de la Primera Guerra del Golfo, Francis Fukuyama tenía motivos fundamentados para declarar a las bravas que la Historia, como tal, había finalizado. Alegaba que, ahora que el capitalismo no tenía un bloque que actuase como oponente, esta doctrina económica crecería hasta niveles que no se habían visto hasta ese momento. El paso del tiempo le ha dado la razón… a medias.

Efectivamente, la globalización se ha abierto paso en todos los mercados conocidos, incluidos aquellos países considerados socialistas como China, Vietnam o Corea del Norte —aunque, en este caso, siempre a su manera y a su ritmo—; pero su diagnóstico sobre lo que nos deparaba en términos históricos no pudo ser más erróneo: en América latina, tan solo un año antes, finalizaba la dictadura de Pinochet en Chile tras unas elecciones, y Fujimori se hacía con la presidencia de Perú. En 1991 comienza la desintegración de la ya mencionada Yugoslavia. En 1993 Bill Clinton gana las elecciones y se convierte en el nuevo presidente de EEUU, mientras que tres años después sería José María Aznar el que ganaría las elecciones en España, finalizando el gobierno de Felipe González. Un año después sería Tony Blair el que se haría con gobierno de Gran Bretaña. Además, 1997 fue el año en el que se clonó a la oveja Dolly, en el que murió Lady Di en circunstancias aún por aclarar y en el que nació el DVD. A finales de dicha década estalla la Guerra de Kosovo, en un caldo de cultivo del que aún hoy vemos sus consecuencias.

¿Fue lo único que ocurrió en aquella década? En absoluto. La descolonización daba sus últimos coletazos con las devoluciones de Macao y Hong Kong a China por parte de Portugal y Gran Bretaña respectivamente. Kim Il Sung, presidente de Corea del norte desde su creación, muere en 1994, y le sucede su hijo Kim Jong Il, en un periodo de relativa apertura que finalizará con su fallecimiento en 2011. A su vez, el disidente del norte Kim Dae Jung se convierte en el presidente de Corea del Sur. Nacen nuevos países en el este de Europa, convirtiéndose en un auténtico avispero en el que, en aquellos momentos, se temía que provocase un conflicto mayor. A su vez, se proclaman las independencias de la URSS de diferentes naciones en Oriente Medio como Kazajistán. En definitiva, diferentes conflictos localizados que no amenazaban a la paz global, al menos a corto plazo.

Sin embargo, el nuevo siglo metió el miedo en el cuerpo a todos los ciudadanos de Occidente que dábamos nuestra seguridad por sentada. El 11 de septiembre de 2001 varios terroristas, bajo la bandera de Al Qaeda, provocaban los atentados en EEUU que hoy en día conocemos. La paz ya no estaba garantizada con este nuevo tipo de ataques a civiles. Los atentados de Atocha o Londres apoyaban esta teoría, y las guerras de Afganistán o Irak no sirvieron más que para desestabilizar zonas en las que hoy día crece el extremismo islámico —me abstendré de dar mi opinión sobre quien o quienes han provocado esta situación—. No obstante, lo cierto es que, aquella paz que se fundamentaba en un hilo frágil se tambaleaba. Era como si todas las piezas se apoyasen en una peana diminuta de la cual la más mínima vibración desatase el desastre. La crisis económica de 2008 parece ser la prueba más clara.

Previamente, la presidencia de George W. Bush y su enumeración de aquellos países que formaban el «Eje del mal» tensaban las relaciones internacionales y provocaba el aislamiento de países como Irán o Corea del Norte. A comienzos de siglo Argentina se sumerge en una grave crisis económica de la que le cuesta sobreponerse, y el huracán Katrina, así como el huracán del sudeste asiático, dejan a miles de personas en situación de precariedad, en una situación que Naomi Klein pronto denominó como consecuencia directa de la «Doctrina del Shock». Líbano se sumerge en una grave guerra de la que no levanta cabeza.

En la actual década, la Primavera Árabe ha sido un triunfo únicamente en Túnez, y provocó el auge del islamismo radical en países como Egipto, Siria, Libia —manteniendo en la actualidad una cruenta contienda opacada por su «humilde» sadismo por las de Yemen y Siria—. ISIS se hace fuerte en Irak y Siria, y tiene presencia en diferentes países de Oriente Medio y África con sus diferentes filiales, además de una enorme cantidad de «Lobos solitarios» en todo Occidente. En Ucrania estalla una guerra que aún hoy se mantiene, y que muestra los graves problemas que hay en los países que formaron parte de la URSS. 

El auge de potencias económicas como China, Brasil o India convierten el mundo en multipolar, en el que EEUU pierde gran parte de su preponderancia en la economía y se ve obligada a negociar. Países como Corea del Sur, México, Argentina o Chile aumentan su presencia internacional, mientras que en Europa el auge de los movimientos anti europeístas y el Brexit  deja a la Comunidad Europea fuera de juego, en un marco internacional que cambia rápidamente y al que no se sabe adaptar. La llegada de determinados políticos al poder siembra dudas e incertidumbre. 

¿La Historia ha muerto, por tanto? Permítanme dudarlo.

Los autores que ustedes están a punto de leer pueden dar prueba de ello. Desde la Historia de aquello que les rodea, hasta el recuerdo de siglos y siglos de acontecimientos, nuestros escritores han relatado sus diferentes versiones de una disciplina que no es exacta, aunque se intente ser lo más aproximado posible. Nuestros autores se han puesto en la piel de niños, de mujeres guerreras y luchadoras, de habitantes aztecas, de esclavistas; han relatado vivencias personales que merecen ser contadas y han elucubrado sobre el futuro, un futuro que, como ya sabe usted, no está exento de incógnitas. Sin ellos, este libro no sería posible. Ellos son la pena que mencionaba antes, sobre la que se apoya todo el entramado que forma la Editorial Playa de Ákaba. Sin ellos, todo se cae, y por ello tienen una importancia irremplazable en las antologías que la editorial organiza.

Pero esta antología no habría sido posible sin algo que nos uniese. En algunos casos es un sentimiento, en otros una causa por la que escribir. En esta ocasión, puede ser una pasión, una curiosidad, una inquietud, una motivación: querer escribir sobre una de las disciplinas más bellas que hay: la Historia. Y eso es algo de celebración. 

Quiero finalizar dando las gracias a Noemí Trujillo y a Teresa Oteo por darme la oportunidad de participar en esta antología coordinando a estos fantásticos autores en una parte de la misma. Por supuesto, me gustaría dar las gracias a aquellos profesores que, durante la carrera, se interesaron por transmitir sus conocimientos y por enseñarme a no creerme todo lo que me cuentan. Y, como no podía ser de otra manera, a todos aquellos compañeros que amenizaron mis días en aquellos fantásticos cuatro años de formación. 

Retomaré la pregunta que he intentado resolver en esta introducción: ¿Ha muerto la Historia realmente? 

En absoluto. La Historia está más viva que nunca. Escribir un artículo en un periódico es Historia. Ir a trabajar y sacar adelante un proyecto es Historia. Incluso pasarse un día durmiendo o viendo series es Historia. Todo lo que hacemos, todo lo que nos rodea y todo lo que nos afecta es objeto de ser historiado. Los compañeros que han participado han decidido hacer historia novelándola, una labor encomiable. Este libro que tienen en sus manos es Historia. Y, por supuesto, casa uno de los relatos aquí presentes es Historia. Bienvenidos, caminen junto a mí en este apasionante viaje por el tiempo que estamos a punto de comenzar. Prepárense, cojan provisiones y, sobre todo, sientan: nuestros autores dejan parte de su alma en cada palabra que escriben. 

Rubén Almarza González.

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 17 PRIMAVERAS
Relato breve y poesía
ANTÓLOGO 
Kandu Banna (Andrés J. Moreno)

PRÓLOGO

Querido lector, siempre hay tiempo para ser adolescentes y dejar que el corazón se llene de cada una de las sensaciones que brotan en esas primaveras cargadas de esperanzas. 
Aún recuerdo su llegada saltando por mis células, su aroma a vida, la energía que me envolvía, el sonido de la regeneración en las yemas de los árboles, donde todas las aves del mundo cantaban al viento lo que estaba por venir. Paseaba con mis amigos, despreocupados, riéndonos de las tonterías que cruzaban por nuestras cabezas, dejando que toda la fuerza de la vida brotara sin medida, eclosionando cuando nos cruzábamos con la chica o el chico que nos hacía cosquillas en el estómago. Entonces, todo se volvía mucho más dulce que cuando llegábamos a casa, a la soledad de nuestra habitación y de todas las obligaciones y miedos que estaban al lado de las preguntas de las que queríamos respuesta y no conseguíamos nada. 

Recuerdo a mi padre saltar del sillón para apagar la televisión cuando se adivinaba algo más que un beso. Sus silencios ante el sexo, su turbación ante las cosas nuevas, sus miedos por los cambios para los que creía que yo no estaba preparado. Entonces pensaba que cuando fuera mayor, como ellos con su cuarenta y pico de años, no haría lo mismo y dejaría que mis hijos adolescentes vivieran en libertad sus sueños. Contestaría a sus preguntas sin ruborizarme y entendería todos sus problemas. Por supuesto, no tendría miedo a lo desconocido. Nos hicimos mayores y me pregunto si no nos comportamos con los adolescentes como nuestros padres: con miedo, inseguridad, angustia. ¿Cómo respondemos a los retos de la sociedad?, a la revolución tecnología, a los nuevos modelos de relaciones, a las posibilidades de viajar más allá de todas las fronteras.

17 Primaveras, viene a recordarnos ese tiempo difícil en el que todo es posible. Dónde los misterios de la vida se abren como grandes interrogantes para ser solucionados. Es, a esa edad, cuando tenemos todas las soluciones para un mundo en el que, como adolescentes, nos sentimos observados, criticados y, a veces, expulsados porque no nos identificamos. 

Los adolescentes viven en una permanente frontera: entre la infancia y la madurez; entre todas las identidades, incluida la sexual; entre la familia y los amigos; entre la casa y el instituto; entre la pandilla y el amor; entre lo legal y lo ilegal. Fronteras siempre peligrosas, lugares de encuentro de todas las dudas, los deseos y la curiosidad. ¿Quién no ha querido bucear en los misterios de la vida? Era la curiosidad de mi infancia la que dominaba muchas de mis decisiones y el miedo de la madurez la que me hacía retroceder. Tiempo de dudas, generadoras de todas las angustias: ¿Me ama?, ¿y si la llamo o la busco para besarla?, ¿salgo o me quedo en casa?, ¿y por qué no me llaman? Dudas, todas igual de intensas, aunque sean absurdas.  

Dudas que se acentúan cuando nos dejan en el instituto, delante de la puerta, de ese bosque tan cerrado y profundo que, a veces, la luz de la esperanza apenas llega. Intuimos que en el centro de su espesura nos espera una casita de chocolate para compartir, pero también numerosos peligros en sus senderos, sobre los que tenemos que decidir. Y entonces aparecen los problemas. Porque aún no nos hemos recubierto de la capa impermeable de la edad y todo lo que nos rodea nos llega directamente a la piel: las decepciones, los problemas de casa, las exigencias de los profesores, los desplantes, los cambios hormonales, los exámenes, cada uno de los granos que, sumados, nos hacen sentirnos tan feos que apenas si nos atrevemos a salir del hogar cálido y acogedor. Claro que al llegar a casa sentimos que ya no es la de antes, cuando aún nos percibían niños y nos contaban cuentos o jugaban con nosotros. 

Con la adolescencia se nos pide que estudiemos, que dejemos los juegos o que no hablemos con las amigas, a las que necesitamos contarles todo con pelos y señales: en persona, por teléfono, por wasap, por email, aunque haga cinco minutos que las hemos visto.  Ellas y ellos son nuestro soporte vital sin el que ya nada es posible. Nuestros padres ya no nos llevan de la mano, ni queremos. Y esa distancia, aparentemente insignificante, se amplía con cada uno de los miedos que acompañan a los mayores: ¿se drogará?, ¿tendrá relaciones?, ¿usará protección?, ¿y si no estudia?, ¿llegará pronto?, ¿le habrá pasado algo?, ¿por qué no ha salido?, ¿por qué no deja de salir?…

A pesar de todo, la adolescencia es, sin duda, un regalo que nos da la vida, donde la única opción es la de disfrutar. Sin mirar al futuro, porque no se desea llegar a él, sin seguir en el pasado, porque se quiere ser adulto y hacer cosas de adultos. Siempre viviendo el presente, sin pensar en nada más. Ni en las consecuencias de los actos, ni en las razones de los mismos. Rebosando vida por los cuatro costados, con miedos y angustias, naturalmente, pero también con todos los deseos, la alegría, la felicidad, la despreocupación, el amor o el sexo que brota a borbotones en cada uno de los rincones.  
Quizá por eso siento que el mundo es de los adolescentes. Ellos saben qué hacer con él y con su tiempo: disfrutarlo. Aunque el resto se encargue de decirles que no todo es risa, ni divertimento, ni charla con los amigos, ni hacer lo que uno quiere. Por eso no es fácil ser adolescente. 

Lo sabemos los que hemos pasado por ella y los que aún permanecen. Y aquí, en esta antología, podemos volver a constatarlo en cada uno de sus relatos, donde los choques entre generaciones, las transformaciones en seres monstruosos, los abusos sobre los diferentes, el encuentro con la muerte o cada uno de los grandes retos a los que tienen que enfrentarse sus protagonistas son abordados con maestría y decisión por sus autores, como buenos adolescentes. 

Carmen Arche, psicóloga, orientadora y conocedora de la adolescencia afirmaba hace poco en un texto: “…la adolescencia necesita tiempo para que las palabras vayan desplegándose y asociando, a la vez que faciliten un espacio de confianza donde los afectos pueden nombrarse” En un mundo donde las palabras se abandonan y los afectos se esconden, el adolescente necesita más que nadie todas esas palabras, a veces prohibidas, y los muchos afectos olvidados. 

Necesitamos tiempo para construir un mundo como el que soñamos de adolescentes, no para olvidarlo, sino para darle forma con su valor y el conocimiento de la madurez. Debemos seguir nombrando los afectos, amar y ser amados, emplear todas las palabras del mundo, cargándolas de significado y dejar que nuestras 17 primaveras vuelvan a brotar con toda la fuerza de la vida. 

Kandu Banna

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LOS BARES TIENEN CORAZÓN
Relato breve y poesía
ANTÓLOGO
 Jorge David Alonso Curiel

PRÓLOGO
LOS BARES TIENEN CORAZÓN

¡Ay, los bares! ¡Qué sería de nosotros sin ellos! Los bares han sido y son una parte fundamental de nuestra cultura y de nuestro modo de vivir y relacionarnos, y por eso tienen un lugar importante en nuestra educación sentimental. En ellos hemos hecho amigos, hemos conocido a personas interesantes, a seres peculiares, a mujeres y hombres que nos han robado el corazón y hasta a nuestras medias naranjas. También hemos vivido en ellos asuntos tan irreales que parecen sueños o fantasías de nuestra imaginación...

El bar, los bares, son una base perfecta y riquísima para crear relatos y poemas en los que recordemos vivencias pasadas, hechos cruciales de nuestra vida, o la excusa perfecta para crear argumentos que mezclen sabiamente la realidad y la ficción, o la ficción pura.

Así, entre todos, hemos compuesto una antología que dará mucho que hablar y que satisfará tanto a escritores como a lectores. Así que, amigas y amigos, adentraros en nuestro bar particular de Playa de Ákaba, en esta joyita literaria, y celebremos que la Literatura debe mucho a los bares. Nuestra antología es un brindis a esos sitios en los que vida y letras se han mezclado de manera tan estupenda y misteriosa.

Brindo por todos vosotros, por los bares, y por la Literatura que nos da tanto a cambio de tan poco.

Jorge David Alonso Curiel

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